Creo que con esto comprenderan un poco, si es que necesitan comprender
One (cap 10) de Richard Bach
*** Leslie me miró, brillándole los ojos. Si esas escrituras podían conmovernos tanto, pensé, a nosotros gente del siglo XX, ¿qué efecto tendrían sobre las gentes de ese siglo, cualquiera que fuese ...?¡El XII!
Volvimos al manuscrito. No había en él nada sobre ritos, indicaciones para el culto, invocación de fuego y destrucción sobre los enemigos, desastres para los incrédulos; nada de crueles dioses como el de Atila. No mencionaba siquiera templos, sacerdotes, rabinos, congregaciones, coros, costumbres ni días de guardar. Era una escritura redactada para el amante ser interior y solo para él.
Echemos a rodar estas ideas en este siglo, pensé, clave para reconocer nuestro poder sobre la convicción, el poder del amor, y el desaparecerá. ¡Con esto, el mundo puede esquivar la Edad de las Tinieblas!
El anciano abrió los ojos y nos vio, por fin. Permanecía tan sereno como si hubiera leído todas aquellas páginas. Me echó un vistazo y fijó la mirada en Leslie durante un largo instante.
-Soy Jean-Paul le Clerc -dijo- . y vosotros sois ángeles.
Antes de que nos recobráramos de nuestro desconcierto, el hombre se echó a reír gozosamente.-¿Visteis la luz?- preguntó
-¡Inspiración!- exclamó mi esposa, entregándole las paginas doradas.
-Inspiración, sí.-Se inclinó en una reverencia como si la recordara y ella, cuando menos, fuera un ángel-. Estas palabras son la clave de la verdad para quienquiera que las lea; son la vida para quienes las escuchen. Cuando yo era niño, la Luz prometió que las páginas llegarían a mis manos la noche en que vosotros aparecierais. Ahora que soy viejo habéis venido, y ellas también.-
Cambiarían el mundo -dije.
-No.
-Pero te fueron dadas...
-…como prueba -dijo él.
-¿Prueba?
-He viajado mucho -explicó-. He estudiado las escrituras de un centenar de credos, desde Catay hasta los países del norte. -Sus ojos chispearon-. Y pese a mis estudios, he aprendido. Toda gran religión comienza en la luz. Pero sólo el corazón puede retener la luz. Las páginas, no.
-Pero lo tienes en las manos... -dije-. Debes leer eso. ¡Es bello!
-En las manos tengo papel -dijo el anciano-. Entrega estas palabras al mundo y serán amadas y comprendidas por aquellos que ya saben su verdad. Pero antes dárselas debemos darles nombre. Y eso será su muerte.
-¿Dar nombre a una cosa bella equivale a matarla?
Me miró, sorprendido.
-Dar nombre a una cosa es inocuo. Dar nombre a estas ideas es crear una religión.-¿Por qué?Me sonrió, entregándome el manuscrito.
-Te entrego estas páginas...
-Richard dije.
-Te entrego estas páginas, Richard, recibidas directamente de la Luz del Amor.¿Quieres darlas, a tu vez, al mundo, a las gentes ansiosas de saber qué dicen, a quienes no han tenido el privilegio de estar presentes aquí en el momento en que era entregado el don? ¿O quieres guardar estas escrituras sólo para ti?
-¡Quiero darlas, por supuesto!
-¿Y cómo llamarás a tu don?¿Adonde quiere llegar?, me pregunté.
-¿Importa eso?
-Si tú no le das un nombre otros lo harán. Las llamarán El Libro de Richard.
-Comprendo. Está bien. Las llamaré de cualquier modo... Las Páginas.
-¿Y salvaguardarás las Páginas?¿O permitirás que otros las corrijan, cambien lo que no comprenden, eliminen lo que les guste y lo que no les guste?
-¡No! Nada de cambios.¡Fueron entregadas por la Luz!¡ Nada de cambios!
-¿Estás seguro?¿Ni una línea aquí o allá, con una buena razón?
-¡Nada de cambios!
Arqueó las cejas interrogante.
-¿Quién eres tú para insistir?
-Estaba aquí cuando fueron entregadas -repliqué-. ¡Yo mismo las vi aparecer!
-En ese caso, ¿te has convertido en Custodio de la Páginas?
-No es preciso que sea yo. Puede ser cualquiera, siempre que prometa no hacer cambios.
-Pero ¿alguien ha de ser Custodio de la Páginas?
-Alguien, sí. Supongo.
-Y así se inicia el sacerdocio paginiano. Quienes dan la vida para proteger un orden de pensamiento se convierten en sacerdotes de ese orden. Sin embargo, cualquier orden nuevo, cualquier manera nueva, es cambio. Y el cambio es el fin del mundo tal como es.
-Estas paginas no representan ninguna amenaza -dije-. ¡Son amor y libertad!
-Pero el amor y la libertad son el fin del miedo y la esclavitud.
-¡Por supuesto!-Los otros paginianos, tus amigos, ¿la protegerán también?-Sí.-¿Y si quienes medran con el miedo y la esclavitud convencen al rey de esta tierra que eres peligroso?¿Y si marchan contra tu casa?¿Y si llegan con espadas?¿Cómo vas a proteger las paginas?
-¡Escaparé llevándomelas!
-¿Y cuando se te persiga, se te atrape y se te acorrale?
-Si tengo que luchar lucharé -dije- Son principios más importantes que la vida. Hay ideas por las que vale la pena morir.
El anciano suspiró.
-Y así se iniciaron las Guerras Paginianas -dijo- Armaduras y espadas, escudos y estandartes, caballos, fuego y sangre en las calles. No serán guerras breves. A ti se unirán millares de verdaderos creyentes, decenas de millares rápidos, fuertes, sagaces. Pero los principios de las Páginas desafían a los gobernantes de todas las naciones que mantienen su poder mediante el miedo y las tinieblas. Decenas de millares marcharán contra vosotros.
Por fin comenzaba a comprender lo que Le Clerc trataba de decirme.
-Para ser reconocidos -prosiguió-, para diferenciarnos entre los otros, necesitaréis un símbolo.¿Qué símbolo elegirás?¿Qué signo impondrás a tus estandartes?
Se me hundía el corazón bajo el peso de sus palabras pero seguí luchando.
-El símbolo de la luz -respondí-. El signo de la llama.
-Y así será -dijo él, como si leyera la historia no escrita- que el Signo de la Llama se enfrentará al Signo de la Cruz en los campos de batalla de Francia, y la Llama prevalecerá, gloriosa victoria. Y las primeras ciudades de la Cruz serán arrasadas por tu puro fuego. Pero la cruz se unirá con la Media Luna, y sus ejércitos unidos llegarán en enjambres desde el sur, desde el este, desde el norte, cien mil hombres armados contra tus ochenta mil.
Oh, basta, quería decir yo. Ya conozco lo que sigue.
-Y por cada soldado de la Cruz y cada guerrero de la Media Luna que matéis protegiendo vuestro don, cien odiarán tu nombre. Sus padres, sus esposas, sus hijos y sus amigos odiarán a los paginianos y a las malditas Páginas por el asesinato de sus seres amados. Y cada paginiano despreciará a los cristianos y a su maldita Cruz y a los musulmanes y a su maldita Media Luna, por el asesinato de los suyos.
-¡No!- grité.
Pero cada una de sus palabras era verdad.
-Y durante las guerras se erigirán altares, se construirán catedrales y cúpulas alrededor de las Páginas. Quienes busquen el crecimiento espiritual y el entendimiento se encontrarán, en cambio, cargados de nuevas supersticiones y de nuevos límites: campanas y símbolos, reglas y cánticos, ceremonias, plegarias y vestiduras, incienso y ofrendas de oro. El corazón del paginismo pasará del amor al oro. Oro para construir templos más grandes, oro para comprar espadas con las que convertir a los no creyentes y salvarles el alma.
>Y cuando tu mueras, Primer custodio de las Paginas, oro para construir imágenes tuyas. Habrá enormes estatuas, frescos grandiosos y cuadros que conviertan esta escena en arte inmortal. Mira, tejidos en este tapiz: aquí la Luz, aquí las Páginas, aquí la bóveda celeste abierta al Paraíso. Aquí, arrodillado, Richard el grande con su centelleante armadura. Aquí, el encantador Ángel de la Sabiduría, con las Sagradas Páginas en la mano; aquí, el viejo Le Clerc ante su humilde fogata, en las montañas, testigo de la visión.
-¡No!, pensé. ¡Imposible!
Pero no era imposible, era inevitable. ***

1 Comments:
Excelente texto, esto si que esta interesante, aunque por el momento me encuentro alejado de todo tipo de discucion filosofica o acerca de politica, religion o la concepcion del hombre te digo que esta muy bueno
Un abrazo desde este frio repleto de matematicas
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